La rinitis alérgica es una entidad, caracterizada por una inflamación de las capas internas de la nariz, que puede ser ocasionada por alergia a sustancias medioambientales que son inhaladas, ingresando a las fosas nasales donde generan toda la reacción inflamatoria. Cuando los síntomas nasales se acompañan de síntomas oculares, se habla de rinoconjuntivitis.

La rinitis se manifiesta mediante estornudos, que ocurren frecuentemente en salvas, es decir, se estornuda muchas veces seguidas y de forma matinal o con la exposición a la sustancia a la cual se es alérgico. Igualmente se presenta abundante producción de moco nasal que suele ser transparente, rasquiña en la nariz lo que lleva a que el paciente se frote la nariz constantemente (saludo alérgico), y finalmente sensación de obstrucción nasal, ocasionando respiración oral, ronquido nocturno y aparición de ojeras. Otros síntomas que también acompañan a la rinitis alérgica son la rasquiña de oídos y de paladar, el carraspeo y en ocasiones la tos.

Según la frecuencia de aparición de los síntomas, la rinitis alérgica puede ser clasificada en intermitente, con se manifiesta menos de 4 días a la semana o menos de 4 semanas al año, o persistentes, con síntomas más de 4 días a la semana y además más de 4 semanas al año. De acuerdo a la severidad hablamos de rinitis leve cuando los síntomas no son molestos y rinitis moderada-grave si los síntomas son molestos, o afectan el desarrollo de las actividades diarias, el trabajo, la escuela, el ocio, el deporte o interfieren el sueño.

La rinitis alérgica puede estar causada fundamentalmente por sustancias que se respiran, llamadas alérgenos inhalantes o aeroalérgenos, tales como los ácaros del polvo doméstico, los pólenes, epitelios de animales (el perro y el gato son los más comunes), cucaracha, látex entre otros.

El diagnóstico de la rinitis es clínico, es decir, por los síntomas que presenta el paciente. Para considerarla como alérgica se ha de demostrar que el paciente tiene alguna alergia, con pruebas en piel (prick test) o análisis de sangre (medición de IgE frente a cada alérgeno), y que esa alergia es la responsable de los síntomas. Otras veces puede ser necesaria una prueba de provocación, en la que se expone al paciente a los inhalantes sospechosos y se evalúan los cambios de los síntomas y mediciones nasales.

El tratamiento comprende: medicamentos aliviadores durante las exacerbaciones, como los antihistamínicos orales; medicamentos controladores, los cuales se usan de forma diaria y que buscan reducir la inflamación nasal y prevenir las crisis. Dentro de este grupo están los corticoides nasales, solos o combinado con antihistamínicos nasales. Finalmente, cuando se reconoce una causa específica (ácaros, epitelio, pólenes) y el paciente no mejora con los anteriores medicamentos, se puede indicar un tratamiento etiológico, como la inmunoterapia o “vacunas para la alergia” que buscan que el cuerpo se adapte a esa causa y no le genere daño.

La rinitis puede evolucionar de todas las formas. Puede mejorar empeorar, o permanecer igual, por eso es importante mantener un adecuado seguimiento con tu alergólogo de confianza, especialmente en estos tiempos de contingencia, donde algunos síntomas de la rinitis pueden ser confundidos con covid-19. Es importante recordar que ésta última suele cursar con fiebre, a diferencia de la rinitis alérgica. Por último, recuerda: “el cuidado de las enfermedades alérgicas no se detiene durante la pandemia”, en concordancia con el lema de la Semana Mundial de la Alergia 2020.

Realizado por:

Dolly Vanessa Rojas Mejía

Especialista en Alergología de la Universidad Icesi – Fundación Valle del Lili

Especialista en Pediatría – Universidad Surcolombiana